La productividad y el positivismo como toxinas mentales

La sociedad por mucho tiempo se ha manejado bajo una ideología de meritocracia. Entre más trabajes, por lógica «tendrás mejores resultados». Entre más cosas hagas, más «productivo» eres. Entre más positivo seas, «menos preocupaciones tendrás». Pero no es tan simple.

En contexto de la pandemia, la productividad y el positivismo se han vuelto un eje rector en los contenidos para fomentar la resiliencia ante la situación de contingencia que enfrenta el mundo. Sin embargo, existe una contra tendencia que busca desromantizar estos atributos para representarlos como algo tóxico cuando se viven como una actitud de vida casi obligatoria en la que hay que ser fructuosos o felices todo el tiempo; creencias poco sanas y prácticamente imposibles que llevan al límite el cuerpo y las emociones.

Las cifras hablan

Según Google, 2020 fue el año con más búsquedas relacionadas a la resiliencia psicológica en México. La salud mental de las personas ha sido muy afectada gracias al encierro, el bombardeo de noticias y la misma pandemia.

Además, Forbes hizo un estudio en donde el 70% de las personas admite sentir que trabaja más en Home Office que en un día «normal» yendo a la oficina por lo que se sienten más agotadxs aunque no salgan de sus casas.

Para muchos, ahora más que nunca resulta necesario ver en las marcas, medios de comunicación y contenidos un mensaje más humano y honesto sobre cómo afecta a nivel emocional y físico la cultura de la productividad y el positivismo tóxico.

Menos es más

En tiempos tan complicados como los que está atravesando el mundo, es normal sentir la necesidad de hacer cosas para compensar la rutina a la que se acostumbraba tener pero eso no necesariamente es lo más conveniente.

Es por ello que se ha hecho mucho hincapié en las redes sociales para dejar de romantizar las prácticas que llevan a la saturación mental y física.

Se vale descansar, poner la mente en blanco y hacer literalmente nada. Evitar los discursos de falsa positividad que solo son una evasión de la realidad y que presionan a las personas a frustrarse por situaciones que no están en su control. Es válido recordar que está bien no estar bien y no sentir culpa por ello.

Escuchar al cuerpo y poner límites

Es común vivir tan inmersx en la rutina, la escuela o el trabajo que suelen ignorarse las señales de lo que el cuerpo pide. No está mal poner límites, tanto en la vida laboral como personal. Empezar por organizar una rutina que beneficie la salud mental y física es una prioridad, no solo para el tiempo que nos queda en confinamiento, sino también para redefinir y desmantelar culturas que no dejan ningún beneficio en la sociedad.