Durante las últimas dos décadas, un ritmo africano conectado al reggae y popularizado entre la juventud de la isla caribeña de Puerto Rico generó la ola musical que conquistó América Latina y el mundo del pop hispanohablante: El reguetón.

Más que un género musical, una revolución sexual

Millones de escuchas en Norteamérica y Europa sucumben ante la fuerza del reguetón y su hijo mainstream, el pop urbano. Se han convertido en los géneros más significativos para la vida nocturna de América Latina y derivan en varias subculturas, celebrando un poco de desenfreno y perreo, e inevitablemente transformándolos en una pseudo revolución sexual con distintos matices.

La polémica acompaña al reguetón desde el principio y existen críticas válidas por contenido misógino que en ocasiones cosifica y degrada. Sin embargo, la sexualidad femenina es explotada en la mayoría de los géneros musicales y el urbano no es ninguna excepción. No resulta descabellado que un estilo popular reproduzca discursos violentos, pues como otros fenómenos culturales, es reflejo de una sociedad machista.

Sin embargo, la voz femenina en el reguetón/urbano siempre ha existido (artistas como Ivy Queen, Farina y Glory llevan años destacando) y actualmente estalla con audacia. Las mujeres le otorgan al género un componente feminista que permea el underground y salpica el mainstream. Se apropian de él a través de letras cargadas y un giro contestatario.

Nuevas referentes

Esta faceta explosiva abre la puerta para artistas innovadoras en uno de los medios de difusión más relevantes del mundo contemporáneo: la música popular. Se resignifica la danza y la expresión corporal: el perreo sensual es una elección personal y no necesariamente un gesto de sumisión ante los hombres. Las mujeres también hablan de placer sexual, protestan y abarcan espacios relevantes de expresi´ón.

En el mainstream latino, figuras como Natti Natasha, Becky G, Karol G y Cazzu han creado algunos de los hits más sonados de la década y las jóvenes María Becerra, Nicky Nicole y Mariah Angeliq heredan el escenario. En subgéneros alternativos como neoperreo se aprecian elementos interesantes, por ejemplo en letras de la argentina Ms. Nina y la chilena Tomasa Del Real, que además de irreverentes y originales promueven un discurso más auténtico de independencia, consciencia corporal y sexualidad libre.

El reguetón es político

La agrupación española Tremenda Jauría aborda el reguetón con un sonido contundente e inconforme que declara: “que se vayan acostumbrando a vernos sobre el escenario, ya no hay quien nos pare”. En el tema “Ni Una Menos”, Chocolate Remix ejemplifica la resignificación del género: “No hay excusa para cubrir al que abusa”. El ensamble argentino liderado por Romina Bernardo “Choco” también es conocido por canciones como “Te Dije Que No”, donde se habla sobre consentimiento, acoso, misoginia y sexismo.

La compositora y flautista cubana La Dame Blanche también se rebela en tracks como “La Mulata” y “La Desconfiada”, de su más reciente álbum apropiadamente titulado “Ella”. En “Te Pertenece”, Audry Funk, mexicana radicada en Nueva York, canta “No tienen derecho a opinar sobre la cuerpa ajena, aquí bailamos a nuestra manera”.

También es pertinente escuchar a la paraguaya/mexicana Mi$$il (“Ilegal” y “Todo Lo Mejor”), y a la diva alternativa Cachorra, que recientemente colaboró con Tomasa Del Real en el divertidísimo tema “Nalgótica”.

Ellas son algunas mujeres que se apoderan con fiereza de los ritmos urbanos y los utilizan para hablar desde una perspectiva crítica. A veces feroz, otras lúdico, el reino femenino en los sonidos urbanos produce una ebullición que invita a escuchar con atención y moverse sin parar.