Cada vez nos volvemos más críticas sobre el trato irrespetuoso que se le da a la menstruación y la falta de comprensión al respecto de nuestra fertilidad y ritmos naturales. Aunque lo relacionado con el ciclo menstrual gana visibilidad poco a poco y hay más apertura, millones de mujeres no tienen acceso a la parafernalia adecuada para llevar la menstruación con la mayor comodidad y salubridad posibles, y vemos una problemática considerable para lidiar con desechos contaminantes, producto de un manejo inadecuado y obsoleto del sangrado menstrual.

En la actualidad se han implementado métodos innovadores como la copa menstrual, o formas que apelan a una conexión más armónica con nuestro cuerpo, como el sangrado libre. El cambio que hemos visto en los últimos quince años es fenomenal; pero todavía enfrentamos dinámicas machistas que degradan la menstruación y la estereotipan de diversos modos: como algo anti higiénico, por ejemplo, o para ridiculizar nuestros estados de ánimo.

No sería descabellado decir que todas las mujeres menstruantes hemos experimentado algo así. ¿Cuántas de nosotras tenemos recuerdos vergonzosos de la adolescencia al haber sufrido el menor accidente en nuestros primeros años de lidiar con el periodo? Encima, la incomodidad y los riesgos que implican los tampones y las toallas femeninas.

Existe también condena social inclusive entre mujeres jóvenes que han internalizado la noción de la menarca como una pérdida de pureza, sin siquiera tener espacios seguros donde hablar sobre anatomía femenina y los diversos factores que rodean la menstruación. Resulta ridículo pensar que hasta la fecha se empleen términos vagos para referirse a ella, “esos días, Andrés”, etc. Fue hasta hace poco que empezamos a ver el color “real” del flujo en la publicidad abierta; durante décadas se le reemplazó por azul, alimentando la errónea idea de suciedad, y a su vez haciéndonos sentir inapropiadas.

Cuando la copa menstrual comenzó a popularizarse en el mercado, algunos fabricantes de tampones y toallas sanitarias (un negocio multimillonario) idearon una campaña negra para tratar de impedir inminentes pérdidas, en la que esparcieron información negativa falsa para difamar a la copa. Claramente los esfuerzos fueron inútiles; cada día crece la cantidad de mujeres que han encontrado una solución funcional en la copa menstrual, que además repercute más amablemente en el medio ambiente.

El dolor físico que algunas mujeres vivimos durante nuestro periodo puede atravesar nuestras actividades diarias; muchas rechazamos la ingesta indiscriminada de fármacos para tratar los cólicos y buscamos alternativas. Gana popularidad la perspectiva espiritual que nos invita a revisar nuestra historia y percibir el ciclo con una mirada distinta. Un ejemplo: al vincularlo con las fases lunares y la mitología. Aunque hay discusión sobre el aspecto científico de la relación entre las fases lunares y el ciclo menstrual, se ha observado una conexión interesante que nos ayuda a resignificar un proceso físico tan increíblemente importante, y dignificar nuestras reacciones y emociones ante él. Basta con pensar que el origen de la palabra menstruación tiene relación etimológica con el griego Mene (luna), que también origina la palabra mes.

Cada mujer vive su ciclo de distinta manera y tiene derecho a darle la importancia que necesite. Los síntomas y emociones son tan variados que es extremadamente complicado generalizar la experiencia, pero definitivamente es necesario visibilizarla. Al mirar nuestro cuerpo con empatía y respeto podemos generar un entorno sano donde las mujeres se sientan libres de expresarse y la menstruación deje de ser un tabú.