Privadas de nuestro derecho a decidir y expresarnos libremente, las mujeres nos hemos visto forzadas a abrirnos camino en un mundo reinado por hombres. A la fecha, en distintas partes del mundo, somos oprimidas, violentadas y asesinadas. Basta pensar en las cacerías de brujas en la Europa Medieval y Norteamérica, las lapidaciones en algunos países del Oriente Medio y los actuales feminicidios en México para dimensionar la agresión que enfrentamos. Sin embargo, prevalece un fuerte sentido de rebelión que nos une; una curiosa fuerza inherente.

Los tiempos han cambiado y algunas de nosotras gozamos libertades que antes podían, literalmente, costarnos la vida. La palabra bruxa, que se origina del portugués antiguo y deriva en bruja, es probablemente el término más común para identificar a una mujer que posee conocimiento oculto y/o poder sobrenatural. Por supuesto, el significado de la palabra varía, es subjetivo.

En esencia, cualquiera puede volverse una bruja; algunas se inician desde la infancia, otras despiertan en la adultez. La atracción por la magia, la hechicería y el ocultismo ha generado una vívida explosión de fenómenos culturales, sociales y musicales. En occidente, figuras como Stevie Nicks, Siouxsie Sioux y Kate Bush han sido claves para el renacer de la bruja: sus temas musicales y estilo único son considerados emblemáticos. Existen un sinfín de películas y series que exploran el tema, desde The Craft, Charmed y Sabrina hasta las modernas Salem, Lunanera y American Horror Story, entre muchas otras.

Sin duda las redes sociales han jugado un rol importante en el resurgimiento moderno de las brujas, donde miles de mujeres de distintos orígenes han encontrado un medio de expresión y comunicación con bases sólidas; las comunidades brujiles crecen velozmente y presentan nuevos desafíos.

En la era digital, donde cualquier cosa puede transformarse en moda pasajera, la figura de la bruja no es la excepción. Sin embargo, resulta más complejo de lo que parece, pues lo que ahora se considera un accesorio, un look o meramente un disfraz, contiene sabiduría milenaria, aunque sea de forma implícita, por la que mujeres dieron la vida.

Aún en nuestros tiempos se dan agresiones a quienes se identifican como brujas. La herbolaria, la medicina tradicional, la divinación, la cartomancia, la astrología y hasta el canto y la danza son prácticas que fueron estigmatizadas en muchas sociedades, algunas de ellas en épocas tan recientes que a algunos les parecerá increíble.

Retomar dichas actividades y re-significarlas a través del carácter de la bruja trae una herencia social que puede derivar en rasgos recreativos, pero es importante reconocer los orígenes para poder honrar a aquellas que arriesgaron todo para que en la actualidad podamos sentirnos brujas sin sufrir condena social.

Sí, los elementos estéticos que se asocian con la identidad de la bruja son extremadamente atractivos, y probablemente no dañarás a nadie si te inspiras en ellos. Pero ojo, al estereotipar arrebatamos significados verdaderos. Muchas brujas maduras están inconformes con los trends que hacen precisamente eso, y llaman a las generaciones de brujas jóvenes a profundizar en la magia desde un lugar de respeto y aprendizaje genuino.

En julio de este año se desató polémica cuando se reveló que un grupo de brujas novatas, activas en WitchTok (la agrupación de brujas en TikTok) había tratado de “maldecir a la luna”. Cabe reiterar que una maldición es un acto maligno deliberado, ejecutado específicamente para hacer daño. Por supuesto, la comunidad enardeció, y pronto se supo que el mismo grupo también había atacado a los Fae, que de acuerdo a la mitología céltica son criaturas poderosas y caóticas que interfieren con la vida humana cuando se les provoca.

La controversia se propagó y las identidades de las responsables no se difundieron por temor a hostigamientos. Varias brujas experimentadas declararon que, aunque es imposible maldecir a la luna, pues es un cuerpo astral con inmensa influencia en la tierra, las inexpertas “insultaron la práctica, la naturaleza y el balance divino”.

Aunque el incidente resultó ser producto de la inmadurez, es un ejemplo adecuado de cómo, al simplificar tradiciones históricas con una carga tan significativa como la brujería, podemos crear situaciones ofensivas que no aportan nada al esfuerzo de conservar prácticas sagradas. El interés por dichas tradiciones no es necesariamente superficial y/o negativo, y por supuesto puede tener una faceta lúdica inofensiva. Aún así es primordial mirar con el corazón abierto para integrar las artes ocultas a la vida moderna desde la veneración respetuosa.