“El arte de tejer es un don que los dioses mesoamericanos le dieron a las manos indígenas de nuestro país, dedicadas por años a tramar y urdir su entorno, su historia y su visión del mundo. Hoy los textiles, más que una artesanía, son un patrimonio cultural que nos define e identifica como mexicanos” Marta Turok W. / Revista Mexicanísimo, No. 96, 2016

México es un territorio increíblemente rico en cultura y tradición. A pesar de haber sufrido el terrible genocidio de las culturas originarias durante la Conquista y la Colonia, los grupos indígenas mexicanos resistieron y lograron conservar muchas de sus prácticas y tradiciones, no sin dificultad pero sí con admirable resiliencia. 

Entre los aspectos más atractivos de las culturas indígenas de México está la creación de innumerables textiles y bordados que tienen impacto internacional y han sido imitados – e incluso plagiados – constantemente. Los textiles mexicanos son una huella de la historia mesoamericana y a la vez están en constante innovación y evolución estética. Cuando uno mira los coloridos textiles de regiones como Xochistlahuaca, en la Costa Chica de Guerrero o Cuetzalan, en la Sierra Norte de Puebla, rara vez se imagina el complejo proceso que se emplea para crearlos, lo cual los vuelve aún más especiales. Una de estas hermosas tradiciones prehispánicas es el telar de cintura. 

El telar de cintura también se ha perfeccionado en San Pedro Mixtepec, en la Sierra Sur de Oaxaca, y en Zongolica, Veracruz, entre otros pueblos de México. Para completar un huipil o una blusa, las tejedoras llegan a trabajar meses en un intrínseco proceso único en el mundo que consiste en amarrar un extremo del telar a un árbol y el otro a la cintura de la persona, con un instrumento conocido como mecapal. Con varias varas de madera se logra el ancho de la tela y la separación de cada hilo, donde se va insertando el calado para crear los patrones. En esencia, el tejido es el paso alterno de los hilos que se van tramando sobre los hilos de la urdimbre en un vaivén constante. 

En algunos zonas existe también un aspecto ritual en el que se le pide permiso a la madera para poder trabajarla y se realiza una ceremonia con humo. Los tipos de tejido varían pero se mantienen consistentes al mismo principio, con estilos distintos entre las regiones y los creadores, que también presentan su toque personal y narran sus vivencias y creencias. 

Hoy en día se elaboran manteles, servilletas, fajas, vestidos, rebozos, sarapes, fajas, morrales y más. Las tejedoras son respetadas en sus comunidades y transmiten sus conocimientos a las generaciones más jóvenes, conservando así una tradición milenaria que enriquece la cultura de nuestro país y nos habla sobre nuestra historia e identidad. 

Las mujeres aportan a través de la manifestación artística y se han unido para fortalecer los lazos comunitarios y proteger sus patrimonios, como en el caso de la Unión de Mujeres Tejedoras, en Zinacantán, Chiapas. Aún así, la pobreza afecta a varias comunidades y amenaza el comercio justo de los textiles cuyo inmenso valor no siempre es reconocido, por lo que es sumamente importante crear consciencia acerca estas prácticas y establecer un entorno que favorezca la venta honesta de los textiles y beneficie a las tejedoras y sus comunidades. Al informarnos sobre fenómenos como el telar de cintura no sólo alimentamos nuestra curiosidad, también aprendemos sobre el pasado de México y su legado en la vida actual.