San Juditas. El santo patrón de las causas perdidas

En el plano religioso, México conforma un panorama único con prácticas inusuales que desafían las normas convencionales. Nuestro país, predominantemente católico, esconde una historia de sufrimiento y lucha cuyo eco persiste en la actualidad.

Desafortunadamente México está marcado por la violencia y la pobreza, circunstancias que impactan en comunidades de diversas edades y perfiles sociales. La Ciudad de México no es ninguna excepción, los jóvenes que crecen en áreas con altos índices de violencia y criminalidad enfrentan circunstancias desoladoras y escasas oportunidades de desarrollo. Resultan víctimas de las arduas condiciones socioeconómicas que sufre el país y en muchos casos terminan involucrados en actividades delictivas.

AP Photo/Marco Ugarte

Sin embargo, la fe religiosa continúa presente, aún en situaciones de extrema marginación. La juventud busca medios de expresión y encuentra esperanza en lugares inusitados. Aquí entra en acción la forma peculiar de ver a San Judas Tadeo que se da en la Ciudad de México y otros estados de la república mexicana. Por un lado se le considera el patrón de las causas perdidas y los casos difíciles, por otro se le asocia con delincuencia y adicciones; el tipo de favores que le piden sus devotos está entrelazado con la realidad que experimentan.

En el canon tradicional, San Judas Tadeo fue uno de los doce apóstoles, primo de Jesús, y su nombre significa “alabanzas sean dadas a Dios” y “el Magnánimo”, se le considera un Santo generoso. Después de la muerte del profeta se volvió uno de los primeros evangelizadores. Tradicionalmente se le representa con gesto sereno, vestido de blanco con túnica verde, portando un medallón de oro con la imagen de Jesús y un garrote, símbolo de su martirio.

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Peculiarmente, San Judas ha adquirido una personalidad distintiva en la Ciudad de México. Los devotos no escatiman en los festejos y tributos que ofrecen: el 28 de octubre de cada año, el Templo de San Hipólito, la catedral colonial erigida en 1521 ubicada en el cruce de Paseo de la Reforma y Avenida Hidalgo, es sede de las celebraciones y ha llegado a recibir hasta 90,000 visitantes. Ahí se vende parafernalia relacionada por montones: veladoras, escapularios, playeras, etc.

Sin embargo, una cantidad considerable de asistentes está bajo la influencia de estupefacientes, abunda la mona (solvente líquido que se inhala mojando un trapo y cubriendo la nariz y boca), y el ambiente llega a degradarse. Aún así, los alrededores del templo se cierran para dar paso a la peregrinación. Los Sanjuderos cargan pósters y figuras de todos tamaños, e inclusive llegan a vestir a los niños pequeños con las ropas del santo. La devoción se mezcla con el reggaetón y los sonidos urbanos.

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Aunque el 28 de octubre es el día más concurrido para venerar a San Judas, muchos fieles visitan el Templo de San Hipólito el 28 de cada mes. Hoy en día se observa que la devoción a San Juditas está conformada en su mayoría por jóvenes. Aunque se le vincula con la Santa Muerte y Jesús Malverde por su carácter contracultural, es un santo reconocido por la iglesia católica e inclusive se le ha utilizado para alejar practicantes de vertientes religiosas que se consideran dañinas o fuera de los canones, como las mencionadas.

En una metrópolis como la CDMX, la fe se manifiesta de distintas formas y se adapta a las condiciones, por más difíciles que sean.

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