Conforme las grandes metrópolis del mundo crecen, devastan todo tipo de ecosistemas. Donde había aguas cristalinas y bosques sanos, ahora vemos incontables edificios y calles de concreto. Basta pensar que en tiempos antiguos Tenochtitlán era una ciudad conectada por canales, y aún en tiempos relativamente modernos, se conservaban múltiples ríos que eventualmente fueron desapareciendo.

Aunque algunas ciudades son más amables con el medio ambiente que otras, todas tienen consecuencias que afectan la calidad del aire, la flora y la fauna. Sin embargo, existen especies salvajes increíblemente resilientes que se adaptan a las circunstancias que la presencia humana trae consigo.

En la Ciudad de México, una de las más grandes del mundo, los retos ambientales son múltiples. Aunque las áreas verdes y reservas ecológicas existen en la CDMX, varias especies animales han tenido que adaptarse al desarrollo urbano y encontrar un modus vivendi que les permita sobrevivir junto con nosotros.

Las aves son, quizá, las que mejor han logrado integrarse al paisaje urbano: en la CDMX encontramos gorriones, palomas, tortolitas, zanates y sastrecillos, todos ellos con plumaje de colores grisáceos y cafés, que se mimetiza a la paleta urbana. Si nos fijamos bien, podemos encontrar pájaros coloridos como las primaveras, los hermosísimos colibríes (que se consideran de buena suerte) y los petirrojos. También golondrinas, aves migratorias que llegan a nuestra ciudad durante el verano para reproducirse y se caracterizan por su canto armonioso y cola dividida en dos puntas.

Hay mamíferos que han proliferado en la ciudad, ratas y ardillas por supuesto, además de criaturas nocturnas como el tlacuache, el único marsupial americano, y el cacomixtle, de la familia de los coatís y mapaches. Por su naturaleza escurridiza, estos dos últimos son difíciles de avistar, pero ganan popularidad entre los chilangos; las personas los alimentan porque los consideran benéficos. Son omnívoros, cuya dieta incluye vegetales e insectos, útiles en el control de plagas.

Aún cuando los animales contribuyen a la conservación del entorno, existe desinformación y crueldad. Es crucial generar consciencia y eliminar la noción de la prioridad humana sobre las otras formas de vida para lograr un mundo respetuoso que será el que heredemos a las siguientes generaciones. En la actualidad enfrentamos un panorama desolador y estamos en un momento clave para sanar, empezando por pequeños actos de empatía.