Mantenerse en al paso de las aceleradas transformaciones sociales y entender su complejidad desde una postura objetiva es una tarea difícil. Este texto no busca provocar el juicio, sino mostrar la realidad, un fenómeno cultural que define el hoy.

Avandaro, 1971

En perspectiva, estamos bajo la explosión de una nueva revolución sexual. En los 50s, 60s y 70s se ganó el derecho a vivir el sexo libremente, pero la aparición del VIH frenó el ímpetu liberacionista que se vivía.

La Generación X e incluso lxs Millennials volvieron a reforzar la vivencia de una sexualidad con miedo y culpa. Sin embargo, el siglo XXI creó las bases para que los Centennials o Generación Z estén marcando el espíritu de la época a partir del derrocamiento de tabúes, un momento de liberación de placeres sexuales al máximo.

Los últimos años hemos sido testigos de una creciente exposición de cuerpos en sus múltiples formas, tamaños y colores. El cuerpo como un símbolo de estatus sobre el que cada persona ejerce autonomía para modificarlo o mostrarlo al mundo al antojo.

Calvin Klein, 2019

Desde los medios aparece en la publicidad, videos musicales, series y películas, las editoriales y el mundo de la moda. Desde las personas está en el vestir y en los contenidos que se generan en las redes sociales. El hoy está definido por un entorno plagado de pieles y todo tipo de atributos físicos.

En medio de esta vorágine de cosificación de los cuerpos femeninos y masculinos, la diversidad de senos, traseros, piernas, abdómenes, pectorales y bíceps han sido protagónicos. Sin embargo, en los últimos años ha cobrado relevancia un nuevo integrante que llega para reforzar la masculinidad de los hombres desde una perspectiva tradicional: el falo.

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El órgano sexual masculino ha sido representante de la identidad de los hombres por siglos. Filósofos, antropólogos, sociólogos y psicólogos han tratado de dar forma al entendimiento de su rol simbólico a nivel social. Muchas posturas a lo largo de la historia han desencadenado grandes polémicas, como en el caso de Sigmund Freud, quien proponía que tanto hombres como mujeres construyen su identidad a partir de la consciencia de tener o no un falo.

Sin duda, dentro de la cultura masculina el falo ha jugado un rol importante por siglos al ser uno de los principales epicentros relacionados al placer sexual. Pero en el plano simbólico también adquiere gran importancia en los procesos de socialización entre pares donde se crean jerarquías con base en sus características. En México apodos como ‘el burro’, ‘el tripie’, ‘cara de papa’ o hasta expresiones populares como ‘vive lejos’ forman parte del argot local.

Actualmente, para muchos hombres el falo se ha convertido en un símbolo de estatus que busca exponerse, muchas veces bajo una perspectiva de poder asociada al tamaño, aunque en realidad pareciera no ser una condicionante, ya que se están mostrando de todos tipos. Están de moda, generan fandoms e incluso son negocio.

Desde los medios, personajes como Zague, David Zepeda y Grabiel Soto han estado en el spotlight por ‘supuestas filtraciones’ de sus packs, es decir, videos donde muestran el falo con fines eróticos; la constante en todos los casos fue la alusión al tamaño asociada a superioridad.

De hecho, el futbolista ha capitalizado este hecho convirtiendo en producto la frase asociada a su video escándalo: Impresionanti, la cual es utilizada en publicidad como un medio para comunicar el beneficio de crecimiento de cabello en un shampoo.

Desde los startups se expande en la cultura pop el falo como un snack o golosina. Se diversifican los negocios que están creando bases de pan con formas de penes las cuales son combinadas con diferentes rellenos y coberturas. El órgano sexual masculino como algo cool ha llegado hasta la gastronomía urbana.

Desde las personas, en el lenguaje se plantea ser ‘verga’ como un código de poder. La palabra es parte de la manera de hablar entre hombres y mujeres y en la generación de contenidos en redes sociales.

De hecho, también las redes sociales se han convertido en un escaparate para mostrar de manera lúdica y creativa el órgano sexual, muchas veces retando a los algoritmos que constantemente censuran los contenidos. Aunque es un fenómeno que está en la mayoría de las plataformas, Tiktok ha sido adoptada por las nuevas generaciones ya que potencia la diversión y sensualidad a través de los bailes.

Esto no es un proceso unidireccional de los hombres, existe una retroalimentación positiva que está acelerando la inercia gracias a la gran cantidad de followers y likes que se obtienen tanto de mujeres, personas de las comunidades LGBT+, así como de otros hombres cisgénero que promueven la generación de este tipo de contenidos.

Los hombres están atravesando por un momento de transformaciones y ajustes derivado del balance de fuerzas y la re significación del género. No es extraño que en tiempos donde se está poniendo a prueba su rol social, existan manifestaciones de reafirmación a través de símbolos tradicionales como el falo.

Sin duda estamos en un momento donde las personas están reconectando, reconociendo y dando valor al cuerpo como un medio para experimentar los sentidos y sentirse vivos, pero también para mostrar autonomía, control en un mundo en proceso de desmaterialización. Los hombres claramente están siendo parte de ello.