Desigualdad Emocional. Poder sentirse feliz no es para todxs

Cuando se habla de desigualdad vienen a la mente diferentes tipos: económica, de clase, de oportunidades y de sesgos sistemáticos. Pero pocas veces se habla de la desigualdad emocional y cómo las opresiones afectan psicológicamente a las personas.

Hoy hablaremos sobre la inequidad que existe en la salud mental gracias a la brecha de género, la discriminación racial, de clase, de diversidad de género y orientación sexual.

La meritocracia de la felicidad

Muchas personas aún tienen la creencia de que los sentimientos positivos como la alegría, la seguridad, el amor o la gratitud son consecuencia de las acciones positivas de las personas y “su actitud”. Nos enseñan desde pequeñxs que es el principal objetivo en la vida es “encontrar la felicidad a toda costa”.

Entre “más alegres” nos mostramos con la sociedad, más fácil es construir relaciones socioafectivas, pero ¿qué sucede con las personas que no tienen ni el tiempo, ni la economía, ni la energía para “ser positivos” o “buscar la felicidad” mientras intentan sobrevivir en un país profundamente desigual?

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La salud mental está limitada a los contextos en los que se vive, por lo que para muchos esto se convierte en algo imposible o difícil de mantener. Entre condiciones laborales escasas, trayectos exhaustivos, deudas y problemas sociales, la salud mental queda en el último lugar de la lista de prioridades de muchas personas.

Según un estudio realizado por la UNAM, menos del 20% de la población recibe apoyo psicológico, a pesar que México es uno de los países con mayor indices de depresión y los casos de suicidios han aumentado en los últimos años. ¿La razón? la desigualdad emocional y los estigmas que rodean la salud mental.

Acceso limitado al placer

Algunos sistemas de opresión como el clasismo, racismo, LGBT+fobia y el machismo pueden llegar a limitar el acceso a sensaciones y experiencias de placer. Para muchxs “darse un lujo” no está dentro de sus alternativas, tanto por ser quiénes son o por la falta de recursos. Incluso las cosas que pueden parecer placeres simples, para muchas personas en realidad son un privilegio.

La pandemia es un gran ejemplo de desigualdad emocional. Durante el confinamiento algunos debían salir a trabajar, enfrentarse al miedo y la ansiedad de contagiarse y vivir en constante pánico, pero conscientes de que sino salían, no tendrían el sustento económico para vivir; mientras que otros podían trabajar desde casa sin experimentar ese tipo de vulnerabilidad cotidiana.

El papel que juega la opresión en la desigualdad emocional

Pareciera que la violencia y la opresión impiden el desarrollo emocional sano de una persona al carecer de placeres y sustancias que el cuerpo necesita como la serotonina y dopamina. Según la psicóloga Maynné Cortés, la exposición constante a estados emocionales displacenteros, preocupantes o incómodos, límita nuestra creatividad, flexibilidad y capacidad de conectar con lxs demás.

Hablar y reconocer la desigualdad emocional como un problema sistemático y de opresión es necesario para romper esa brecha. La discriminación hacia las personas diversas, racializadas, de bajos recursos y las mujeres, pueden ser una razón para que el acceso a servicios psicológicos y experiencias de placer sean limitadas o nulas.

En un país donde el matrimonio igualitario sigue siendo condenado, suceden 11 feminicidios al día y la ausencia de conciencia de clase es innegable, las experiencias placenteras e incluso la limitación a las necesidades básicas, muestran la deficiencia que hay en el sistema.

Si una persona está constantemente preocupada o alerta para no ser discriminada o asesinada, probablemente su recepción al placer pase a un siguiente plano.

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La felicidad y el placer son fundamentales en el desarrollo del ser humano y mientras más se hable de la desigualdad que existe alrededor de la salud mental, más se podrán exigir accesos horizontales, incluyentes y accesibles para todas las personas. La salud mental y la estabilidad emocional son políticas y muchas veces, un privilegio.