La vida cambió desde el inicio de la pandemia, se modificaron nuestras rutinas y contextos. La salud mental empezó a tener más peso en la vida de las personas, sin embargo, el desgaste continúa hasta el día de hoy y esto ha derivado en la preferencia por la evasión, lo simple y sin complicaciones. De hecho, el escape a la simpleza es y será por los próximos años, la mejor manera de vivir para muchas personas.

El escape a la simpleza

Se ha hablado mucho de la desromantización de la productividad y el positivismo tóxico, lo que ha llevado a abrir la conversación sobre el amor a lo simple. El disfrutar una serie o película que no requiera tanto esfuerzo, que haga reír y olvidarse de la rutina.

Están cobrando relevancia las actividades y prácticas que no se sienten como una obligación, sino un disfrute y un escape de la realidad. En este punto de la pandemia donde el mundo no está en cuarentena, pero tampoco en una vida normal como se conocía, evadir todo lo relacionado al coronavirus ha comenzado a ser más recurrente.

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Esto ha sucedido con algunos otros contextos como la moda: la ropa pasó de ser un elemento de vanidad, a un elemento de comodidad. Entre más simple y cómodo te sientas, mejor. Sigue siendo una tendencia pues las pasarelas y marcas de ropa, cada vez buscan más la comodidad. Los pants se volvieron los nuevos jeans, las sandalías los nuevos tenis.

Otras prácticas como el zen o el mindfulness prevalecieron aún después del pico más alto en la pandemia y parecen haber llegado para quedarse en la vida de las personas.

Burnout y procrastinación

Algo de lo que constantemente se habla es del cansancio mental y físico que ha dejado la pandemia, no solamente como enfermedad, sino como forma de vivir. La facilidad con la que puedes tomar una siesta o ver tu serie favorita después del trabajo, ha hecho que las personas se sientan más cómodas en estas condiciones y no quieran renunciar a estos placeres.

Sin embargo, en redes sociales se habla mucho de la procrastinación y la cultura de la evasión. Evadir responsabilidades, evadir cosas complejas y mejor simplemente existir. Y que aunque científicamente está comprobado, que la procrastinación es una cuestión emocional, es una práctica muy común que después de la pandemia se ha incrementado.

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Es innegable que seguiremos viendo muchas consecuencias de la pandemia y que la conversación que se genera alrededor de lo cotidiano tendrá un nuevo impacto. Las prácticas laborales, sociales y personales ya no son las mismas y ahora se les da un gran peso a nuevas prioridades.