Iconoclasia: ¿Por qué “romper” y “quemar” todo ante una injusticia social?

El debate en redes sociales que gira en torno a la “destrucción” del arte y espacios públicos se encuentra muy dividida. Hay quienes criminalizan y tachan de vandalismo a estos hechos y hay quienes hablan de la importancia de este tipo de protesta para hacer ruido. Lo cierto es, que la iconoclasia no es nueva ni fue inventada en las marchas feministas recientes. Aquí te contamos porque destruir, pintar y quemar monumentos sí es una forma válida de protestar.

Andrea Murcia

¿Qué es la iconoclasia?

La iconoclasia proviene del concepto griego “romper imágenes” y refiere al rompimiento o destrucción de imágenes, arte, íconos o monumentos que tienen cierto valor en la sociedad como respuesta a la violación de los derechos humanos, la falta de democracia o reclamar justicia al gobierno.

Casi siempre es practicada colectivamente y está obligada a tener motivos sociales y declaraciones explícitas que se relacionen a una causa sociocultural y mensajes políticos.

Desde el siglo VIII era practicada como un movimiento que rompía imágenes religiosas y con el paso del tiempo se convirtió en una forma de alzar la voz en todo el mundo. De hecho, muchas de las revoluciones de la historia del mundo están llenas de iconoclasia, pues ésta ha sido la única manera de que las personas sean escuchadas en una manifestación.

Andrea Murcia

Vandalismo o Protesta

La opinión pública y los medios suelen criminalizar la iconoclasia, confundiéndola con la destrucción arbitraria de propiedades sin ningún objetivo social. Es recurrente escuchar o leer usuarios en redes sociales diciendo que “esas no son las formas” o que “así no se logrará nada”.

Sin embargo, el vandalismo como tal, se refiere a la destrucción o rompimiento de imágenes sin motivo. Es decir, destruir por destruir, sin un mensaje político o exigencia de justicia detrás.

La iconoclasia no es exclusiva del movimiento feminista. Tan solo en México, se ha optado por esta forma en otras manifestaciones como la marcha por los 43 estudiantes de Ayotzinapa o las protestas por el abuso policial y los asesinatos a periodistas en nuestro país.

Forbes México

Si nos enfocamos en el movimiento feminista donde la iconoclasia ha sido más recurrente, podemos ver que esta oleada de manifestaciones no es más que el hartazgo social de no ser escuchadas, pues las protestas han sido pacíficas muchas veces: han bailado, han hecho homenajes a las víctimas de feminicidios y violencia doméstica, han marchado en silencio y nunca se les había puesto la atención que hoy han logrado, hasta que recurrieron al daño de los monumentos públicos.

Sucedió por ejemplo, cuando hace un par de años, optaron por expresiones artísticas como el “Bailo por las que ya no están” o “Un violador en tu camino” y recibieron burlas y poca seriedad ante la problemática. Incluso, las parodiaron y utilizaron estas protestas como memes.

Las Tesis

¿Qué costo tiene la vida?

Las reacciones se polarizan: hay quienes piden recurrir a la empatía y pensar que harías tú con tal de que se le hiciera justicia a tu madre, a tu hermana o cualquier mujer en tu vida. Hay quienes se indignan pues creen que todos los destrozos son “pagados con sus impuestos” o quienes alegan que son símbolos patrios y deben ser respetados.

Aunque esto es subjetivo, muchxs historiadorxs se han declarado al respecto y han dicho que el patriotismo, los íconos y símbolos no valen nada sino representan la búsqueda de justicia o cualquier motivo social.

El bloque negro, grupo feminista que se enfoca en intervenir monumentos, ha declarado que no dañan negocios independientes o pequeños, pues su objetivo es directamente con el gobierno y las grandes empresas, cadenas y marcas. Aquí influyen mucho las noticias falsas y los medios que buscan desacreditar las protestas, por ello es necesario verificar fuentes y encontrar portales que se adecuen a las ideologías de cada persona.

Santiago Arau

Toda lucha social recurre a protestas que incomodan o a cosas que las personas no están acostumbradas a ver, haciendo ese el objetivo: cuestionarse y tener empatía ante una situación donde no se obtiene justicia. Padres, madres, familias enteras buscando a sus hijxs, mientras el gobierno se lava las manos. 11 feminicidios ocurren al día en México de los cuales el 99% quedan impunes. Las paredes se limpian, las vidas no vuelven y ningún hecho histórico que marcó al mundo se pidió por favor.